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miércoles, 5 de septiembre de 2018

Artificios de la luz

Existe lo noble del ser humano que transita hacia un sentido de misión, a pesar de las tristezas, a pesar de las desesperanzas.
Porque muchas veces hay desesperanzas; desesperanzas que ovacionan, que fulguran torpemente. Y esos artificios de la luz son lícitas, sólo en su propio salvaguardarse de la amargura... La alegría no es totalmente completa mientras, cerca o lejos, haya humanos desgarrándose, en salvaje o inexistente raciocinio...
A pesar de todo ello hay noblezas que avanzan, aún con el espíritu mutilado, sin celebrar alegrías definitivas y falsas; ni tampoco truncos bajo la impotencia. Aunque a veces,... tantas veces, nos haga caer el dolor...
Es cuestión de ceñirse con los pertrechos de la fe, y avanzar, con ese sentido de misión, a pesar de las tristezas.
Juan C. L. Rojas

QUO VADIS, DOMINE?

Una vez más
los campos de la historia necesitan fulgurar.
Desterrar la fronda opaca
de mercadotecnias sin victorias.

Crece desnutrida
la ovación desfalleciente de la esperanza
en claustros entumecidos del intelecto.

Aleluya de ángeles se oyen
en el confín de los desiertos
cuando hallan manantiales...
Humilde sabiduría del sentir
y ese instinto azul de los cielos.

Sólo ennegrecer/
es la consigna de sofistas
que construyen bibliotecas adormecidas.

Oscurecer en la ignorancia
es el camino y el fin
en la estética de la nada.

¿Es en vano esta voz cerrada que suplica
entre el follaje acidulado?
¿Será muralla triturada por las bombas
la sordera del espíritu?
¡Tapia derruida habrá de ser
bajo la lluvia amarga de los tiempos!

"El fin, no son muchos libros,
dijo el sabio,
lo que el hombre siembre
eso es lo que segará".

"Quo vadis, domine?..."

Se fortalece en la impotencia
esta fusta granate de la indignación.
Y habrán de templarse los aceros
para aserrar
el duro tronco del ego.
Ya no puede desandar
esta obvia evidencia del estrago.

Todavía se discuten los destinos
en la corriente de la historia...
¡y el destino es hoy!
sonando bajo los pies.

Quo vadis, domine?...
Fue la pregunta al andante,
quien sin contestar
ajustó su abrigo
inclinó la cabeza
y triste muy triste
siguió su camino.

Autor: Juan Carlos Luis Rojas
http://remerofantasmal.blogspot.com.ar/